miércoles, 11 de julio de 2007
TIEMPO DE PLAYA
Paramos en una cala de la Costa Brava que se veía desde la carretera, no era una paradisíaca calita de arena, era mas bien una especie de embarcadero rocoso en el fondo de un barranco, recuerdo que tenía un pequeño espigón, pero no logro ubicar el sitio. Mi padre aparcó el coche y nosotros fuimos bajando con mamá para darnos el esperado chapuzón. El caso es que mi padre no se quiso bañar y decidió hacernos una foto desde el espigón, empezó a decir que nos acercáramos hacia él porque sino en la foto quedaríamos muy lejos, pero al ir acercándonos a las rocas del espigón empezaron los pinchazos en los pies y claro nos retiramos hacia atrás para flotar en vez de hacer pie, pero mi padre pensó que le queríamos desobedecer. Le dije que nos estábamos pinchando, pero él venga a gritar, ¡¡que os estoy diciendo que os acerquéis!! Y yo dije de nuevo ¡Papá, que el suelo pincha!. Y él venga a chillar enfadado ¡Cullons es que no me habéis oído!. Se cabreó muchísimo porque no nos poníamos dónde el quería. Mi hermano tendría 5 años y aún tenía flotador, eso le salvó porque se quedo flotando con las piernas encogidas, pero yo empecé a llorar, mi madre se pinchó también para poderme sacar de allí y terminé mi gran día playero con los pies llenos de púas y el alma llena de rabia. El gracioso de mi padre, en vez de ir a apalear a los erizos para darme un poco de consuelo se dedicó a despotricar y humillar a mi madre por no habernos puesto chancletas, mientras el pobre objetor de conciencia que hacía la prestación social en el puesto de Cruz Roja nos sacaba las púas a madre e hija con unas pinzas esterilizadas...
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